El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a advertir acerca del riesgo de recesión económica mundial en el escenario más grave de su pronóstico, si la guerra se prolonga más allá del verano y el precio del petróleo sube aún más y se estabiliza en torno a los 110 dólares el barril .
Si ese escenario se produce, entonces la inflación se dispararía al 6% y la economía afrontaría una perturbación de consecuencias traumáticas.
Esto lo explica Pierre-Oliver Gourinchas, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), al analizar los últimos pronósticos que ha hecho el organismo en su más reciente informe.
“El impacto económico mundial dependerá, de manera crucial, de la duración, la intensidad y el alcance del conflicto, factores que son, por naturaleza, impredecibles”, indica el documento del FMI sobre las Perspectivas Económicas Mundiales.
Para hacer su análisis, los economistas del Fondo han esbozado tres escenarios: uno de referencia, en el que la guerra tendrá una duración, intensidad y alcance limitados, de modo que las perturbaciones se disiparán a mediados de 2026. En este caso, el crecimiento global será del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, dos décimas menos de lo previsto en los cálculos previos para este año del pasado enero. La perturbación en Oriente Próximo también afectará a los precios. “Se espera que la inflación general global aumente al 4,4% en 2026 y disminuya al 3,7% en 2027, lo que supone revisiones al alza para ambos años”, reza el documento de perspectivas.
El documento pronostica que el precio del petróleo aumentará un 21% respecto al nivel preguerra, hasta un promedio de 82 dólares el barril y que los precios del gas natural subirían aún más.
El economista jefe del FMI explica que el impacto de la guerra de Irán sobre la economía se manifiesta a través de tres fuerzas. “En primer lugar, el encarecimiento de las materias primas”. En segundo lugar, añade, “estos efectos podrían verse amplificados a medida que las empresas y los trabajadores intenten recuperar las pérdidas (por la inflación), lo que conlleva el riesgo de generar espirales de precios y salarios”. Y en tercer lugar, el aumento de los riesgos macroeconómicos y la perspectiva de tipos más altos que podrían desencadenar una repentina revaloración en los mercados financieros, caracterizada por valoraciones de activos mucho más bajas, mayores primas de riesgo, una mayor fuga de capitales y una apreciación del dólar”.
En un escenario adverso, con mayores aumentos y más persistentes de los precios de la energía, el crecimiento mundial se desaceleraría aún más, hasta el 2,5% en 2026, y la inflación alcanzaría el 5,4% este año. Esto obligaría a los bancos centrales a reaccionar con aumentos del precio de los tipos de interés. En este escenario, el Fondo prevé que el precio del petróleo aumentaría un 80%, hasta un promedio de 100 dólares.
En un escenario aún más grave, con mayores daños a la infraestructura energética en el golfo Pérsico, el impacto sería todavía mayor: el crecimiento global se reduciría a apenas un 2% en 2026, mientras que la inflación general superaría el 6% en 2027. En este caso, el precio del petróleo subiría un 100% respecto al nivel anterior al conflicto hasta alcanzar un promedio de 110 dólares el barril. “Esto implicaría una situación muy cercana a una recesión mundial, algo que solo ha ocurrido cuatro veces desde 1980; las dos últimas ocasiones coincidieron con la crisis financiera mundial y la pandemia de la covid-19″, recuerda el FMI.
En ese caso, muchos países del planeta entrarían en recesión, sobre todo las economías emergentes y en desarrollo importadoras de petróleo. “Las tensiones geopolíticas podrían agravarse aún más, convirtiendo la situación en la mayor crisis energética de los tiempos modernos, o podrían estallar tensiones políticas internas”, apunta el documento.
El Fondo habla de un impacto desigual en la economía: la revisión a la baja del crecimiento en las economías emergentes y en desarrollo es de 0,3 puntos porcentuales para 2026, mientras que la previsión permanece prácticamente sin cambios para las economías avanzadas. Los países productores de petróleo en Oriente Próximo también sufrirán las consecuencias económicas por tener cerrado el estrecho de Ormuz, y por “los daños en la infraestructura, las interrupciones en la producción, las restricciones a las exportaciones y el debilitamiento de la actividad turística y empresarial”.