“El crecimiento económico fue uno de los ejes centrales del discurso. Sin embargo, cerrar 2025 con un 2.1% no es liderazgo regional ni aceleración estructural; es desaceleración. Más aún cuando sectores como turismo, zonas francas y remesas mostraron dinamismo. Si con esos motores encendidos el PIB apenas avanza, la realidad es que hay un problema estructural importante. Algo está limitando la transmisión de ese dinamismo hacia el resto de la economía.
La política pública no se evalúa únicamente en porcentajes agregados; se mide en la mesa del dominicano, en la farmacia del barrio, en el precio del transporte diario y en la confianza que inspira el ejercicio del poder. Mientras los cimientos de la macroeconomía se muestren estables, pero la microeconomía se mantenga resentida, la narrativa política pierde validez y fuerza.
La inflación promedio puede parecer controlada en los informes técnicos, pero la inflación que golpea al ciudadano no es la agregada; es la de los alimentos, el transporte, la vivienda y la salud”.
Margarita Cedeño /Extraído de su artículo en Listín Diario
El notable incremento que tienen las exportaciones de castañas de masa o Buen Pan, es una demostración de la riqueza que tenemos en nuestros campos, todavía no explotada.
Los datos más recientes (al 2024) indican que el país envió al exterior 3,606 toneladas de este fruto, valoradas en 3,037,427 millones de dólares, conforme datos del Ministerio de Agricultura.
Como se observa su potencial y los recursos que puede generar, las autoridades han distribuido millares de plantas en distintas regiones. Hay sembradas 6,047 tareas de Buen Pan, beneficiando a 630 productores.
Este maravilloso fruto, al que muchos tratan con desdén, tiene diferentes nombres, según el país donde se cultiva. Se le conoce como Pana, en Puerto Rico; Lam Beritaf, en Haití; Bread Fruit, en Jamaica; Guapen, en Cuba; Mazapán en Honduras; y Buen Pan, en República Dominicana.